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Hoy en día, en tiempos de crisis ambiental, es cuando más nos cuestionamos de qué manera nos estamos relacionando con la naturaleza. Sin embargo, comprender esta relación no es tan sencillo y muchas veces nos la planteamos únicamente desde una perspectiva utilitaria, como si este vínculo con el ecosistema se basara solamente en los bienes y servicios que éste nos brinda.

La realidad pareciera ser mucho más compleja, porque los sistemas socio-ecológicos lo son, y la relación entre lo cultural y lo natural es intrincada, dinámica y adaptativa, lo cual va mucho más allá de observarla desde una perspectiva utilitarista.

Si pudiésemos tener un primer acercamiento hacia esta relación, podemos comprender que existe una evolución conjunta en cuánto a lo cultural y lo ambiental. Que nuestros antepasados han crecido observando la naturaleza, aprendiendo de ella y que ésta los ha forjado tanto como nosotros la hemos forjado a ella, porque aceptémoslo: Las comunidades tienen la capacidad de generar transformaciones locales, para bien o para mal. Esta perspectiva nos sitúa a nosotros, más bien como parte de los sistemas naturales y no desde el dualismo tradicional entre naturaleza-humanidad.

 

 

Debido a esto, es que valorar, comprender y conservar nuestros saberes locales es de alguna manera conservar parte de esa evolución conjunta entre lo cultural y lo natural. Las artes y oficios son parte de nuestra historia y por ende parte de nuestra identidad y de esa relación. Es desde ahí que viene lo que queremos compartir hoy: La Bioconstrucción.

La bioconstrucción consiste en la aplicación de la técnica constructiva en base a materiales de poco impacto ambiental, que puedan ser reciclado o de procesos sencillos de extracción. En este sentido, el barro es uno de los materiales que calza con esta descripción.

Pareciera ser que es un término que ha sido acuñado hace poco, sin embargo, la construcción con materiales de estas características probablemente data de que se pasó desde un sistema nómade a uno sedentario. En el caso de Chile, las culturas indígenas ya realizaban edificaciones de este tipo, basadas en los materiales que los rodeaban, generando y traspasando su técnica de generación en generación basado en la manera en que observaban los cursos de agua, las condiciones bioclimáticas, las estrellas y ecosistema en general. Dejando plasmados en su quehacer la forma en la que veían el mundo y la realidad, es decir, su cosmovisión.

Más adelante, al llegar la cultura española a Latinoamérica, las técnicas constructivas se fueron mezclando, derivando en que hoy en día gran parte de Chile, especialmente en el Valle Central, existen edificaciones de tierra cruda que forman parte de nuestra identidad cultural.

Sin embargo, actualmente materiales de costos económicos aparentemente más baratos como el cemento, están reemplazando estas edificaciones que además se ven rodeadas de diversos mitos que profundizan aún más estos cambios. Lo anterior, es en parte un problema ambiental, ya que los costos son altísimos, y se manifiestan en la industria, en islas de calor urbanas, baja cantidad de áreas verdes y cambios de uso de suelo.

Es por esto, que nuestra propuesta desde Sautha Bioconstrucción y Fundación Sautha, es la de revalorizar el uso de este material, pues poner en valor dicha técnica es además mantener una cultura que ha estado conectada con su entorno natural, comprendiéndolo y creciendo con éste de manera conjunta. Es mantener una cosmovisión en cuanto a los espacios que habitamos. No olvidemos que el barro, proviene de un suelo que ha evolucionado miles de años en los territorios.

Queremos, no sólo transferir este conocimiento, sino que integrarlo en todas sus aristas, comprendiendo la complejidad de estos sistemas constructivos e integrando a las comunidades, sus visiones y cultural desde una perspectiva sistémica.

Creemos en que la fortaleza de las comunidades para lograr transformar sus territorios es un elemento sustancial para enfrentar la crisis del Cambio Ambiental Global, que estamos todos viviendo. Y de este mismo modo, fomentando las distintas manifestaciones culturales arraigadas en los sistemas socio-ecológicos, es que todos podremos ser capaces de generar espacios de conciencia ambiental local que inspiren elecciones sostenibles y saludables.

Recordemos que son la diversidad y variabilidad, características de los sistemas complejos, que los hace más resilientes ante las perturbaciones.